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miércoles, 3 de febrero de 2010

“Ex” y la Nueva Gramática

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(Publicado por nacion.com)
La semana pasada hablé del elemento compositivo ex (llamado años atrás ‘preposición inseparable’, aunque la norma académica dispone su escritura con un espacio de separación del nombre) y prometí exponer la última palabra de la RAE en su obra recién nacida Nueva gramática de la lengua española.

Confieso que esta partícula ex me ha traído a mal traer por años. Nunca comprendí por qué una preposición inseparable debía escribirse separada. Para mí –rígido pensador aristotélico– esto era una contradictio in terminis. ¡Bueno!, pero si la Academia dice que va separado (ex ministro, ex monárquico y no exministro, exmonárquico) pues tendrá que ser así: magister dixit...

Mi susto fue cuando en la edición 20.ª del DRAE (1984) encontré, mondos y lirondos, los vocablos excautivo y excombatiente así, con el ex bien pegadito. ¿Por qué, por Dios santo, ex ministro y ex monárquico , por un lado, y excautivo y excombatiente, por el otro?. Asimismo, la RAE escribe: “...se utiliza antepuesto a sustantivos y adjetivos de persona o cosa para indicar que lo denotado por el sustantivo o adjetivo ha dejado de ser lo que estos indican”. Es cierto que se ha escrito frecuentemente sobre la ex-Yugoslavia, la ex-Unión Soviética..., pero ¿podríamos calificar de exnegro, por ejemplo, al cabello de una dama (porque se tiñó de rubio), o hablar de un exhospital porque lo convirtieron en hotel? ¿Hasta dónde podría llegar este enigmático EX?

Bueno, y ¿qué dice la Nueva gramática? Literalmente: “El prefijo separable ex se registra en los textos unido a la palabra a la que afecta ( exministro ), seguido de un guion ( ex-ministro ) o separado por un espacio en blanco ( ex ministro )”.

Efectivamente así se encuentra en los textos, de las tres maneras, a gusto del consumidor. ¿Quiere decir esto que la Nueva gramática de la lengua española admite las tres opciones? Creo que no hay otra forma de interpretarlo. Lo curioso del caso es que la Nueva gramática , a la hora de poner ejemplos, muchos de ellos tomados de publicaciones y autores españoles e hispanoamericanos, escribe ex combatiente y ex cautivo, pese a que las en las últimas ediciones del DRAE vemos excombatiente y excautivo.

Pero lo más importante es la postura académica, en su Nueva gramática, de aceptar las tres opciones en el uso del prefijo ex: excombatiente, ex combatiente...o ex-combatiente. Usted escoge.

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lunes, 25 de enero de 2010

500 millones de razones para saber español

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(Publicado por elpais.com)

Muchos extranjeros en Benidorm, si se les pide que digan las palabras que conocen en español, dan una misma respuesta: "fiesta", "siesta", "paella". Si esa pregunta se hace en la sala de reuniones de una multinacional o un organismo internacional, muchos podrían citar casi el diccionario entero. El español, tercera lengua más hablada en el mundo, es la segunda más usada en los negocios. El inglés es la llave de Estados Unidos, del norte de Europa... pero la llave de América Latina tiene una Ñ.

Es el idioma oficial de una veintena de países. En la actualidad, casi 500 millones de personas saben hablar español. Esto hace que sea una lengua muy atractiva a la hora de hacer negocios. Hay 500 millones de posibles clientes, y una importante parte de ellos, cada vez con mayor poder adquisitivo. Ángel Martín Municio fue el primero que en 2003 cuantificó el valor del español. Dedujo que aporta más del 15% del PIB a este país. Es decir, en 2009 más de 37.000 millones de euros llegaron gracias al idioma de Cervantes. Según una investigación de la Fundación Telefónica, usar el mismo idioma multiplica por dos o tres veces la cuota de mercado de España en las exportaciones de países hispanohablantes.


"En Internet, la presencia del español ha crecido un 680% en cuatro años. El interés por estudiarlo aumenta cada día. En buena parte, gracias al crecimiento de América Latina", explican en el Instituto Cervantes. Esta institución tiene cursos específicos de español para los negocios. "Donde más éxito tienen es en los países de la antigua Europa socialista. Por la relación que hay con España, especialmente en construcción y obra pública", comentan. También porque en estos países algunas compañías empiezan a hacer las Américas.


El español no es sólo un idioma en auge para los negocios, sino que su auge es un negocio es sí mismo. Existe un nuevo turismo demandado por extranjeros que vienen a España a estudiar español, que desde 1995 se ha incrementado a un ritmo aproximado de un 10% anual. En 2006, unos 150.000 de turistas de este tipo viajaron a España y se dejaron 255 millones de euros.


"La enseñanza de español de negocios, sin embargo, está aún un poco en pañales", asegura Antonio Rodríguez. Es el responsable de un curso de esta especialidad para docentes que acaba de poner en marcha la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. "La demanda crece. Hay que preparar a los profesores", reclama.


Elodie Vessieres, francesa de 27 años especializada en dirección turística, fue una de las visitas lingüísticas que recibió Valencia el pasado año. "Para el currículo es muy positivo tener experiencias en el extranjero, porque demuestra que eres independiente, curiosa... Y además, cuando estudias español en España no sólo aprendes palabras. Aprendes cultura y formas de relacionarte allí", justifica. Esto, para hacer negocios, ayuda tanto como el más amplio de los vocabularios. -


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miércoles, 13 de enero de 2010

Fórmulas de tratamiento, ortografía y entonación

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(Publicado por cronicadelquindio.com)


Así como suena extravagante la expresión “Yo sé que tú te vas y que usted no se vuelve a acordar de mí porque así sos vos”, también resulta inaceptable la fórmula ortográfica del personaje que al ir por lo calle comiéndose una zanahoria, al caérsele, reflexiona y exclama: “Me están pensando por S, debe ser la tal Cecilia”.

Si lo anterior se complementa con el mal llamado “dialecto” (queriendo decir entonación o tono al hablar) de tantas personas descuidadas con la forma de expresarse, entonces el problema se acentúa más aún. Respecto de las fórmulas de tratamiento, sólo existen tres: Vos, Usted y Tú, las cuales no deben mezclarse jamás, para evitar caer en terrenos prosaicos.

El “voseo”, o tratamiento de vos, que antes se utilizaba para dirigirse a determinados personajes como el presidente de la República, dignidades del Estado o altos jerarcas de la iglesia, constituyó una forma de comunicación que con el tiempo se generalizó hasta el punto de llegar a ser característica del habla callejera.


En cuanto a la fórmula de “usted”, por ser la más común y de fácil manejo, no requiere de aclaraciones adicionales. Para lo que sí se necesita adiestramiento es para “tutearse”, ya que es común escuchar un pronombre personal o un sustantivo en esta forma de tratamiento, seguido de una conjugación verbal que no le corresponde, como : “Y usted, qué opinas?”, o lo que es peor: “Y usted, qué opinás?”


Respecto de la ortografía, luego de superar la vieja época de los versos, como aquel que para enseñar el uso de la J, decía: Teje, maneje, no se empendeje, deje de joder”, ante la supresión del estudio del latín (60% del español) y del griego (30% del español), como lenguas básicas de nuestro idioma, así como la abolición del estudio de sus respectivas raíces o lexemas de los currículos escolares, la alternativa más práctica que queda es la de observar con detenimiento el estilo de quienes escriben con responsabilidad, o detallar los usos comunes y corrientes, como este aviso de tránsito, “Ceda el paso”, (conjugación del verbo ceder), o este otro en un almacén de telas: “Seda, a $ 5.000,oo el metro”, (sustantivo).

Por tanto, así como se exige utilizar solamente una forma de tratamiento, se aconseja aprender ortografía de manera visual, mientras se recomienda tener mucho cuidado con la entonación al hablar, de tal manera que se adopte un tono neutro, es decir, que no corresponda a ninguna parte: ni paisa, ni pastuso, ni costeño, ni caleño.




lunes, 4 de enero de 2010

El sostén y el participio

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(Publicado por elpais.com)

Hemos dejado atrás las amarguras y contrariedades de un año que a pocos les habrá parecido amable, pero quedan correteando algunas lacerantes viborillas que sería mejor desactivar, pero que, por desgracia, llevan el marchamo de la permanencia, porque se agarran a la estupidez, que es una condición muy humana. De un tiempo a esta parte aparecen en nuestro vocabulario palabras que han prendido en la moda usual. Antes solían ser expresiones cómicas, salaces, de malo, regular o buen gusto, que acaban en el olvido. Las personas muy mayores, mis contemporáneos, quizás recuerden que, para ridiculizar a una muchacha que tenía de sí misma un concepto diferente al de los demás, se la llamaba niña pitonga o niña gótica, que, por esos rebotes temporales, parece que hoy quiere decir el no va más de la vanguardia, la novedad y la cargante progresía. Es como rescatar el uso del jubón, las calzas y el miriñaque.

Creo más nocivas las incomprensibles libertades que se toman con el idioma español los políticos, escritores, periodistas y quienes se dirigen a un público amplio. En cuanto a mis queridos compañeros de profesión, se hace realidad la sentencia que les considera como gente que sólo lee su artículo, en el periódico, con exclusión de todo lo demás. El que quiera llamar la atención tendrá que recurrir al insulto de alto grado de virulencia, porque siempre habrá alguien que le envía el recorte.


Como si fuera un asunto personal he llamado la atención, muchas veces, hacia las incorrecciones escatológicas de decir que un asunto, unas negociaciones, una relación "hacen aguas", porque dicho en plural significa orinar. En singular, es la metáfora del barco que se hunde por algún boquete por donde entra el mar. Pues lo encontramos incluso en titulares. Otra manía recurrente es hablar del ojo del huracán, la evaporación del agua que da lugar a un espacio sin nubes y de sorprendente calma, dándole un sentido contrario al que tiene. No es extraño que algún plumífero aluda al "fusil de caza" empuñado por un delincuente furtivo, ignorando que se trata de una escopeta. Ni tiene remedio, por mucho que se insista, la ignorancia de una elemental norma que establece que dos negaciones equivalen a una afirmación: "El señor ministro asegura que no saldremos de la crisis hasta que no se reduzca el gasto". O sea, ¡a gastar, que son dos días!


La palabra mágica en nuestros días es sostenibilidad. El adjetivo sostenible es de reciente acuñación, aceptado por los nuevos académicos de la lengua, que están dispuestos a apadrinar cualquier sonido articulado, demostrando su celo al acudir a las sesiones, porque no tienen otra cosa mejor que hacer. Me consta, porque acabo de confirmarlo, que no existía oficialmente en castellano, así que no lo busquen en el Diccionario de 1984, penúltimo o antepenúltimo de los editados por la docta casa. A nadie sorprendería que en la barra de la cafetería alguien pidiera un cortado con un croissant sostenible. Es una bobada de general aceptación. Y, ya aceptado, aparte de la obviedad de que sostenible es lo que puede sostenerse, alargan la concesión al neologismo, referido a la economía, como aquello que se mantiene sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes. O sea, lo contrario de lo que se usa.


Presumimos de que nuestro idioma lo hablan más de 400 millones de personas, pero no es el que utilizamos, que cada día es más pobre e inexacto. Un buen amigo, harto de intentar difundir desde la cátedra el griego y el latín, se ha prejubilado en plena juventud y se dedica a preservar el idioma, consciente de que nada va a conseguir, y me envía un correo sobre las agresiones que recibe la lengua castellana. Tomo de sus esclarecedores mensajes buena parte de ellos, pues imagino que la finalidad es la difusión de la corrección en el empleo de ese instrumento con el que deberíamos entendernos, algo que no ocurre.


Restablece la norma según la cual existen los participios activos, derivados de los tiempos verbales, y ejemplariza con el participio del verbo atacar, que es atacante; de salir, saliente; de cantar, cantante; de existir, existente... etcétera. Se pregunta cuál es el participio activo del verbo, que es el ente, o sea, el que tiene entidad. Es lo que hace que cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad para ejercer la acción que expresa el verbo hay que añadirle la partícula ente.


Así, se dice presidente a la persona que preside, pero no presidenta, porque es independiente del género. Y multiplica los ejemplos que tomo literalmente: se dice capilla ardiente, no ardienta; paciente, no pacienta; dirigente, no dirigenta. Acusa, a lo que me sumo, no sólo del mal uso del lenguaje, sino de ignorancia de la gramática española a muchos políticos y periodistas, algo que debería descalificar tajantemente a quienes muestran esa ignorancia. Es como si un farmacéutico no supiera distinguir entre paracetamol y las compresas higiénicas. Ya lo sabe, entre otros, doña Esperanza Aguirre, que no es presidenta, sino presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid. En otros órdenes, sí estaba admitida la doble significación de algunas profesiones o estados: médica, esposa del médico o mujer que ejerce la medicina; abogada, etcétera.


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lunes, 28 de diciembre de 2009

"Por primera vez una gramática reconoce las normas de cada región"

Publicado por Fuente en 20:21 0 comentarios
Fuente: Clarín.

Hoy son los medios de comunicación los que dan impulso y ratifican la unidad del idioma español. De hecho, más de 300 diarios, de los cuales 31 son argentinos (Clarín y Olé, entre ellos) figuran como fuentes de los ejemplos incluidos en la Nueva Gramática de la Lengua Española, presentada ayer en la Academia Argentina de Letras. Se trata de un trabajo de importancia histórica: es la primera gramática que incorpora usos de la lengua que se dan fuera de España. Ni en la primera, de 1771, ni en la última, de 1931, estuvo contemplado lo que sucedía con la lengua fuera de la Península.

Esta vez se dividió al mundo hispanohablante en ocho zonas lingüísticas (España, México y Centroamérica, Antillas, Caribe continental, Area andina, Río de la Plata, Chile, y Estados Unidos y Filipinas), que trabajaron de manera colectiva a lo largo de 11 años, para que esta nueva versión exhibiera todo lo que comparten y todo aquello en que se diferencian las regiones en materia de lengua. "Por primera vez se reconocen las normas de cada región. Desde el punto de vista social y político es un modelo interesantísimo", señaló Pedro Luis Barcia, titular de la Academia. La responsabilidad del capítulo argentino del trabajo, que fue presentado en Madrid con la presencia de los Reyes de España la semana pasada, recayó sobre la doctora Alicia Zorrilla, quien destacó el carácter "no doctrinal" de la gramática.


Barcia contestó algunas preguntas de Clarín:
-¿El reconocimiento de las ocho áreas lingüísticas significa que la lengua está atomizándose?
El temor a una "balcanización" idiomática de América latina es una constante desde el siglo XIX. Pero incluso en ese momento, cuando se producen los movimientos independentistas, todos ellos consolidan al español como lengua oficial. Hoy los diarios y las telenovelas son el mejor instrumento de unificación idiomática. Los grandes medios gráficos comparten un 98 por ciento de lengua general y sólo se diferencian en un 2 por ciento de lengua local. Esto tiene su explicación económica, porque la utilización de un idioma general les permite acceder a mercados mayores. Es lo mismo que se observa en el campo de las telenovelas, películas y otros productos enlatados.

-La apertura de la Real Academia, reconociendo las diversidades...
Es muy importante. España siempre fue el centro del idioma; ahora es una región más.

-¿Qué pasaría con la lengua si no hubiese una gramática?
No pasaría demasiado. La gramática es una descripción de la lengua. Toma el habla del pueblo, la sistematiza y la devuelve. Hace consciente la forma en que se habla, pero no la produce.


La nueva gramática se editará en tres versiones: una de referencia, otra para estudiantes y un manual para docentes. Los principales compradores de estos libros son los abogados. Para los jueces, parece, si tiene el sello de la Real Academia, no se discute. Paradójicamente, según recordó Barcia, la Constitución Nacional "está plagada de errores gramaticales".


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lunes, 21 de diciembre de 2009

¿Qué hacer con las palabras que nos prestaron las lenguas extranjeras?

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(Publicado por mdzonline)

Muchas veces, al redactar un escrito de índole académica, no sabemos cómo escribir los términos extranjeros y si es lícito utilizarlos. Responderemos, como otras veces, con la voz autorizada del Diccionario panhispánico de dudas, el cual legitima la presencia de términos importados al decir que todos los idiomas se han enriquecido a lo largo de su historia con aportaciones léxicas procedentes de lenguas diversas. Esto significa que los extranjerismos no son rechazables por sí mismos, pero se debe tener en cuenta que su incorporación debe responder, en lo posible, a nuevas necesidades expresivas; además, es preferible que se acomoden al máximo a los rasgos gráficos y morfológicos propios del español.

Debemos distinguir entre EXTRANJERISMOS y PRÉSTAMOS. Los primeros son las voces que usamos tal cual han sido importados desde la lengua originaria. De ellos, no todos son de uso necesario: hay un gran grupo para los que existen equivalentes españoles, con plena vitalidad. Por ello, se censura el empleo de los mismos. Así, por ejemplo, abstract puede ser sustituido por “resumen” o por “extracto”; back-up por “copia de seguridad”; jogging por “aerobismo”.

En cambio, hay otros extranjerismos, muy extendidos, que resultan necesarios, pues no poseen términos españoles equivalentes. Muchos de ellos son de uso internacional, como ballet, blues, jazz, software, hardware. Podemos utilizarlos con total legitimidad, pero con la obligación de resaltarlos topográficamente, con cursiva o con comillas, para señalar su carácter ajeno a la ortografía del español.

Los extranjerismos se transforman en “préstamos” cuando su pronunciación y grafía originarias se han adaptado a las propias del español: así encontramos, entre otros, máster en lugar de la voz inglesa master, escáner, por scanner, pádel, por paddle; popurrí, por pot pourri; queroseno, querosén o querosene, por kérosène o kerosene; críquet, por cricket; rímel, por rimmel.

Al respecto y aunque después dedicaremos una nota especial para ellos, ¿cómo pluralizar algunos términos provenientes del latín, como magíster, hábitat, déficit, superávit, currículum?. Magíster proviene del sustantivo latino magíster y se usa hoy en varios países americanos para designar el título o grado universitario inmediatamente inferior al grado de doctor. También sirve para designar a la persona que posee dicho título. El plural es magísteres, su pronunciación y grafía están españolizadas. En cuanto a su género, si está referido al título, es masculino; si, en cambio, se refiere a las personas, es común en cuanto al género: el o la magíster.

En cuanto a hábitat, déficit y superávit, son hoy sustantivos, pero provienen de formas verbales latinas; sus plurales son, respectivamente, hábitats, déficits y superávits.

En lo que respecta a currículum, va por lo general unido a vítae. Esta locución es INVARIABLE en plural: los currículum vitae. No se acepta ya la pluralización “currícula”, tan corriente en ámbitos académicos. Diremos, pues: Los postulantes dejaron sus currículum vítae en la casilla de correo. Si se suprime vítae, se puede usar la forma españolizada currículo y su plural será currículos.


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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Cuando el acento dejó de ser un problema

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(Publicado por mdzonline) Cuando éramos niños y la enseñanza de la ortografía constituía una preocupación para docentes y alumnos, estudiábamos la diferencia de acentuación que existía entre los pronombres demostrativos con función sustantiva y los mismos pronombres con función adjetiva. Reservábamos la tilde para los primeros y la dejábamos de lado en el segundo caso.

La Academia, en su Ortografía de la lengua española, de 1999, ha cambiado esa obligatoriedad al decir, al respecto: “Los demostrativos este, ese, aquel, con sus femeninos y plurales, PUEDEN llevar tilde cuando funcionan como pronombres: Ésos son los regalos, no éstos. Aquéllos ganaron el campeonato. Mi casa es ésta. No llevarán tilde si determinan a un nombre: Las preguntas de aquel exámen me parecieron muy interesantes. El niño este no ha dejado de molestar en toda la tarde”.

La lectura atenta de esta normativa nos centra en el uso FACULTATIVO de la tilde, pues la Academia utiliza el verbo “PUEDEN”, no “deben”. Allí radica la diferencia con las reglas que nosotros usábamos antes. Esto significa que, si la coloco porque no puedo despojarme de mis viejos conocimientos, no he cometido error alguno; si, en cambio, quiero despreocuparme del tema, no necesito fijarme en la función del demostrativo: simplemente, no lo tildo.

Sin embargo, hay dos consideraciones que se deben atender: la primera, es que, a veces, hay riesgo de ambigüedad, es decir, de doble interpretación. En estos casos, la presencia del acento ortográfico señala el modo de desambiguar el sentido confuso de una expresión. Por ejemplo: Digo que ésta mañana vendrá y Digo que esta mañana vendrá. En el primer caso, he tildado el demostrativo porque me estoy refiriendo a una persona determinada; ésta es el sujeto de vendrá. En cambio, en el segundo caso no he tildado el demostrativo porque lo he referido al sustantivo mañana.

Otro tanto ocurriría en expresiones como las siguientes: Todos recibieron obsequios de Juan: éstos, libros y aquéllos, bombones y Todos recibieron obsequios de Juan: estos libros y aquellos bombones. En la primera oración, éstos y aquéllos se refieren a personas que integraban el grupo de “todos”; en el segundo caso, sin tildes y sin comas, estos y aquellos, se refirieron, respectivamente, a libros y a bombones.

La segunda consideración que hay que tomar en cuenta es que las formas esto, eso, aquello NUNCA se tildaron, ni por la antigua normativa ni por la nueva. ¿Cuál es la razón? Esas formas son neutras y, por lo tanto, siempre van a cumplir funciones de sustantivo, nunca de adjetivo, ya que no podrían concordar con sustantivos neutros, pues ellos no existen en español. Esta norma parece ser, muchas veces, desconocida para quienes elaboran mensajes publicitarios, pues al querer poner énfasis en cierto producto o en determinado hecho, tildan aquellas formas e incurren, ellos sí, en un error ortográfico.

Para terminar, cito dos casos más que plantean dudas: las palabras solo y aún. Con respecto a solo, diremos que no tengo obligación de tildarlo: Él vive solo. Solo visitaremos Tucumán. Observo que, en la segunda oración y a pesar de significar “solamente”, no he tildado el término solo. En cambio, si se corriera el riesgo de ambigüedad, tendría que tildar el solo en uso adverbial. Por ejemplo: Pedro vino solo al baile (Pedro vino sin compañía al baile) y Pedro vino sólo al baile (Pedro vino únicamente al baile).

El caso de aún es sumamente claro: lo tildaré cuando signifique “todavía”. Por ejemplo: Aún no resolvimos el problema del agua (Todavía no resolvimos el problema del agua). Pero no lo tildaré – suele ser error frecuente– cuando equivalga a “hasta, también, incluso, ni siquiera”: Aun los niños entienden el problema (Hasta los niños entienden el problema); Todos los presentes, aun los más reacios, votaron el proyecto (Todos los presentes, incluso los más reacios, votaron el proyecto); Ni aun las autoridades pueden solucionarlo (Ni siquiera las autoridades pueden solucionarlo). También se escribe sin tilde la expresión aun cuando: Aun cuando quisiera, no podría hacerlo.

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